El blog de Ana Ferrer, un sitio dedicado al retrato

EL AUTORRETRATO

El autorretrato surge de la mano del pintor renacentista Alberto Dureño como herramienta de promoción, mostrando públicamente su apariencia junto a su creatividad y técnica artística en una obra de arte, señalaba al artista como alguien especial, un ser individualista, superior, diferente al resto de la sociedad, cuya labor creativa era un fin en sí misma, la reivindicación del oficio de artista frente al de artesano, demostrando a la sociedad que pintar requería dotes intelectuales.

Así también se asentó el arquetipo de artistas según la idea del imitatio christi, el hombre es la semejanza de dios y esto nos deja un autorretrato magistral de Durero, quien, como dice Erwin Panofsky, no solo adopto el esquema compositivo de la representación del pantocrátor, si no que idealizo su fisionomía para hacerla conforme a la que tradicionalmente se había atribuido a cristo, suavizo los contornos característicos de su nariz y pómulos y agrando y altero la forma de sus ojos pequeños y algo rasgados.

La composición de los autorretratos que surgieron a raiz de los de Dureño incluyendo los de este, junto a las poses, los atuendos y grados de descripción diferentes como por ejemplo en el Autorretrato de Nicolas Pousin de 1650 expuesto en el museo du Louvre de París, el volumen del rostro pintado según el claro oscuro en el barroco, está señalando el sentido espiritual y a la individualidad que se le atribuye.

A partir del siglo XX la reivindicación de las formas plásticas abstractas afecta al rostro de los autorretratos, desde Picasso hasta Chuck Close, el toque de pintura como trazo o huella es una seña de identidad como la semejanza reconocible de la morfología facial o la expresión emocional.

Se convierte en una tipología del artista, totalmente nueva y que de gran manera ha permanecido hasta nuestros días.

Rembrandt Van Rijn, Francisco de Goya, Caspar David Friedrich, Gustave Courbet, Henri Fantin-Latour, Henri Fantin Latour, Ingres, Paul Cezanne, etc.

Artistas que dejaron rasgos autobiográficos en sus obras, no solo en cuanto a la evolución del rostro si no a los cambios de actitud frente al arte y al mundo.

El autorretrato entendido como experiencia de autoconocimiento, abre en el siglo XX y XXI una puerta hacia nuevos recursos plásticos y nuevos conceptos sobre el individuo.

Si nos fijamos en la diversidad de poéticas que expresan tal infinidad de pensamientos diferentes, casi cada artista o grupo manifiesta la suya propia desde la superficie de representación.

El estilo surge como signo que representa la visión subjetiva del autor, por esto el arte y cada uno de nosotros como espectadores y pintores hemos otorgado valor al rasgo particular del artista, por lo que las vanguardias reconocen por cada -ismo una característica pictórica, autorretrato cubista, impresionista, simbolista, hasta el llamado autorretrato conceptual, cuyo núcleo lo compone el yo de la persona, el ego tal vez aludido, indicado o registrado, y para el que no es necesario el reconocimiento físico del rostro como seña de identidad principal.

La necesidad del espejo, del reflejo o la huella en las primeras representaciones del retrato, aparecen en los escenarios de las obras de Il Parmigianino, Johannes Gump, Diego Da Silva Velazquez, Francisco de Goya, Jean Simeon Chardin, en ellos se desvela el artificio del espejo para señalar la ilusión que esto da a la representación en arte.

En el Autorretrato de Lucian Freud, cabeza de hombre 1963 aparece el espejo como protagonista, la pintura empieza a verse realzada por la aproximación al ojo del pintor y el análisis de las formas una y otra vez perseguidas, la cercanía del rostro y el punto de vista en contra picado, la mano deformando el ovalo de la cara, la imagen del espejo como principal objeto de descripción, imagen que contiene un rostro, renueva la idea contemporánea de la figura del artista renacentista, así también el reflejo con dos niños de 1965.

Para Andrew Benjamin estas obras de Freud, quieren reivindicar la pintura del natural frente a otros lenguajes y medios de la imagen, para él, la representación debe reconocer la imposibilidad de la cámara y tratar de representar la realidad del objeto, tanto es así que el espejo se presenta como un rival, el otro, ante la creencia en la imposibilidad del registro de la persona en el retrato.

Desde que el cine y la fotografía documentan la realidad el autorretrato sigue manteniendo un sentido diferente a esas otras formas de exhibición.